Qué podés compostar (y qué no)
Compostar no es solo una forma de reducir la basura: es una manera de devolverle a la tierra lo que es suyo. Pero una de las dudas más comunes al empezar es qué cosas se pueden poner en el compost y cuáles conviene evitar. Saberlo no solo hace que el proceso sea más eficiente, sino que también evita olores, insectos y desequilibrios en la mezcla.
A continuación, una guía práctica para no perderse entre restos de cocina y dudas domésticas.
Lo que sí podés compostar
En general, todo lo que alguna vez estuvo vivo puede compostarse. Pero dentro de esa regla amplia hay algunos matices.
Restos de frutas y verduras
Son la base del compostaje casero. Cáscaras, corazones, tallos, hojas, pulpas, todo sirve. Lo ideal es trozarlos un poco antes de agregarlos para acelerar la descomposición.
Café, té y yerba
Tanto los posos de café como los saquitos de té (sin grapas metálicas) y la yerba usada son excelentes aportes de nitrógeno. Además ayudan a mantener la humedad del compost.
Cáscaras de huevo
Aportan calcio, aunque tardan en degradarse. Podés triturarlas antes de tirarlas para que se integren mejor a la mezcla.
Hojas secas, pasto cortado y ramas finas
Estos materiales se consideran “secos” o ricos en carbono, y ayudan a equilibrar los restos de comida, que son más húmedos y ricos en nitrógeno. Son clave para evitar que el compost se apelmace o genere mal olor.
Cartón y papel sin tinta
El cartón de huevos, los rollos de cocina o servilletas de papel sin teñir pueden ir sin problema. Aportan carbono y estructura.
Restos de jardín y flores marchitas
Todo lo que provenga de plantas, siempre que no esté enfermo ni tratado con pesticidas, puede compostarse sin riesgo.
Lo que conviene evitar
Hay algunos materiales que pueden alterar el equilibrio del compost o atraer plagas. No es que sean “tóxicos”, pero sí generan problemas en el proceso.
Carnes, huesos y pescados
Tardan mucho en degradarse, generan olores fuertes y atraen animales no deseados. Mejor mantenerlos fuera del compost.
Lácteos y comidas cocidas
El queso, la manteca, las salsas o cualquier alimento cocido con aceite o condimentos puede provocar fermentaciones indeseadas.
Excrementos de animales carnívoros
Los desechos de perros y gatos pueden contener parásitos y bacterias dañinas. Si querés compostar residuos de animales, deben ser solo de herbívoros (como conejos o caballos).
Cenizas, colillas y residuos no orgánicos
Aunque las cenizas de madera pura se pueden usar en pequeñas cantidades, las de carbón o cigarrillos no. Y, por supuesto, nada de plásticos, vidrios o metales.
La clave: equilibrio entre “verdes” y “secos”
Una buena regla práctica es mantener una proporción de dos partes de material seco por cada parte de material húmedo.
Los verdes (restos de frutas, verduras, yerba, café) aportan nitrógeno.
Los secos (hojas, ramas, cartón, papel) aportan carbono.
Si el compost está demasiado húmedo o con olor fuerte, significa que hay exceso de verdes. Si está muy seco o no avanza, necesita más materia húmeda. Es cuestión de observar y ajustar.
Pequeños tips que hacen la diferencia
- Troceá los restos grandes. Cuanto más pequeños sean los pedazos, más rápido se descomponen.
- Evitá los cítricos en exceso. Pueden acidificar demasiado la mezcla.
- Aireá cada tanto. Remover el compost con una pala o palo ayuda a oxigenar y acelerar el proceso.
- Cubrí los restos nuevos. Cada vez que agregues comida fresca, tapala con una capa de hojas secas o tierra para mantener el equilibrio.
Cerrar el círculo
Compostar no es una ciencia exacta: es un proceso vivo, que cambia con el clima, los materiales y el cuidado que le pongamos. Con un poco de práctica, el olfato y la vista se vuelven las mejores guías para saber qué necesita esa mezcla que se transforma día a día.
En Granpost, trabajamos con ese mismo principio: observar, cuidar y acompañar el ciclo natural de los residuos hasta que vuelven a ser tierra fértil. Creemos que cada persona que aprende a compostar está haciendo mucho más que reducir su basura: está participando de un cambio profundo en la forma de relacionarnos con el planeta.

